SANTO DOMINGO.- El ex presidente Hipólito Mejía reclamó al nuevo
gobierno que encabezará este jueves Danilo Medina, una concertación
basada en el respeto a la vida interna de las organizaciones y un
compromiso que contemple la solución de los principales problemas de la
nación.
En una alocución a través de una red de radio y televisión, Mejía
manifestó ¨tenemos un compromiso con el país, por lo que siempre
estaremos dispuestos a ofrecerle nuestro concurso en aquellas acciones
dirigidas a beneficiar a las grandes mayorías”.
Enfatizó “quiero expresarle con toda claridad al presidente Medina
que la actitud que asumiremos frente a su gobierno dependerá más que de
las palabras, de los hechos de su gestión¨.
En su discurso criticó la “pobre gestión del presidente Leonel
Fernández y citó la quiebra del sector agropecuario, el aumento
desmesurado de las importaciones yel enriquecimiento de personeros del
gobierno en la concesión de permisos de importación de alimentos”.
Además, mencionó“la falta de respaldo a la educación, el aumento de
la pobreza extrema en el país, el dominio del Congreso ylos tribunales
superiores, lo cual representa un peligro para la democracia y el
respeto a los derechos humanos”.
El ex mandatario consideró que el gobierno que termina deja a la
sociedad sumida en “un profundo deterioro económico, moral e
institucional, producto del ejercicio irresponsable del presidente
Leonel Fernández y de la complicidad con que permitió que la corrupción
infectara todos los niveles de su gobierno”.
“Nunca antes en la vida democrática de nuestra nación un gobierno
había sido tan descarado en el uso de los recursos públicos, para el
beneficio particular de funcionarios y dirigentes del partido
gobernante” dijo.
Reiteró su compromisode trabajar junto al pueblo para hacer realidad
sus aspiracionespor mejores condiciones de vida y por el rescate y
fortalecimiento de las instituciones democráticas de la nación.
El texto:
A continuación copia del texto integro del discurso del ex presidente Mejía:
“Pueblo dominicano
A pocos días de la juramentación del nuevo gobierno, me dirijo al
país para reiterar el compromiso, que anunciamos el 22 de mayo, de que
trabajaremos junto al pueblo para hacer realidad sus aspiraciones por
mejores condiciones de vida y por el rescate y fortalecimiento de las
instituciones democráticas de la nación.
En ocasión de finalizar el mandato del actual gobierno y el ascenso
al poder de un nuevo presidente, fruto de un proceso electoral altamente
cuestionable, le hablo al país, en nombre de más de dos millones de
dominicanos y dominicanas, que votaron a favor de nosotros y de las
propuestas que hicimos a nombre del Partido Revolucionario Dominicano y
los partidos aliados.
Permítanme expresarles una vez más mi gratitud a las mujeres, hombres
y jóvenes, dentro y fuera del país, que desafiaron la feroz campaña de
mentiras y diatribas financiada con recursos del Estado y respaldaron
con entusiasmo y valentía la esperanza de cambio que representaba
nuestra candidatura.
El gobierno que termina deja a nuestra sociedad sumida en un profundo
deterioro económico, moral e institucional, producto del ejercicio
irresponsable del presidente Leonel Fernández y de la complicidad con
que permitió que la corrupción infectara todos los niveles de su
gobierno.
Nunca antes en la vida democrática de nuestra nación, un gobierno
había sido tan descarado en el uso de los recursos públicos, para el
beneficio particular de funcionarios y dirigentes del partido
gobernante.
Tampoco ningún gobierno había mantenido la masiva y costosa campaña
mediática, que durante estos ocho años ha sostenido Leonel Fernández,
tratando de vender la imagen de un presidente que trabaja a favor del
bien común.
Se ha pretendido convencer al pueblo de que su legado lo convierte en
un Mesías, que busca perpetuarse en la dirección del Estado como
garante de la tierra prometida.
Pero la herencia que Leonel Fernández deja al país, es muy distinta
al paraíso que dibuja la engañosa y delirante maquinaria de propaganda
que le acompaña y que ha costado a la sociedad más de 48 mil millones de
pesos durante los 8 años de gobierno peledeista.
Lo cierto y doloroso es que durante el gobierno que finaliza, no se
ha resuelto ni un solo de los problemas estructurales de nuestro país, a
pesar de ser el gobierno que más recursos económicos ha manejado en
toda la historia de la República.
Al contrario, una buena parte de esos problemas se han agudizado y
podrían agravarse si permitimos que el país continúe el rumbo que lleva.
A Leonel Fernández le faltó voluntad política para aplicar el 4% del
PIB a la Educación y permitió que la enseñanza pública cayera a uno de
los tres últimos lugares en el mundo, según el informe del Foro
Económico Mundial del 2011.
El desempleo fue otro de los renglones que aumentó durante el
gobierno que concluye, lo que se tradujo en un mayor nivel de pobreza
para el pueblo dominicano. Sólo en las zonas francas textiles se
perdieron más de 90 mil empleos.
Según afirma el Foro Económico Mundial la competitividad del país cayó del lugar 64 al 110 de un total de 142 países evaluados.
Esto ha repercutido en el estancamiento de nuestras exportaciones y
en el aumento desmesurado de las importaciones, que ya sobrepasan los 18
mil millones de dólares.
Como señalan los empresarios, el fracaso del gobierno en el manejo
del sistema eléctrico es una de las principales causas de la baja
competitividad de los sectores productivos.
El gobierno del PLD deja una deuda con los generadores superior a los
800 millones de dólares y una carga al Estado que supera los mil
millones de dólares anuales de subsidio, aunque la tarifa fue aumentada
en más de un 33 porciento.
Ahora los apagones son más frecuentes e interminables y los dominicanos pagamos la energía eléctrica más cara de la región.
El endeudamiento público, que alcanza niveles verdaderamente
alarmantes, también es parte fundamental del legado funesto que nos deja
Leonel Fernández.
Su gobierno deja una deuda pública superior a los 25 mil millones de
dólares, equivalente a la astronómica suma de 980 mil millones de pesos,
monto que representa más de dos veces el presupuesto anual de la
Nación.
Ese monto es tres veces la deuda acumulada por el país desde su fundación en 1844, hasta el año 2004.
Lo peor de todo, es que esos recursos no fueron invertidos en la
educación ni en la infraestructura productiva del país, sino que fueron
usados para financiar los caprichos del Presidente de la República, sin
tener en cuenta las necesidades de la gente y sus comunidades.
Una parte sustancial de esos recursos ha ido a parar a los bolsillos
de muchos de los funcionarios del gobierno y dirigentes del PLD, como se
demostró con el caso de los 130 millones de dólares del préstamo con la
Sun Land, sin que nadie haya sido sometido a la acción de la justicia.
Indigna saber que el pueblo tendrá que pagar esas deudas.
Con justa razón, la organización Transparencia Internacional sitúa a
la República Dominicana como uno de los tres países más corruptos del
mundo. Ese también es un legado, pero un legado funesto de Leonel
Fernández.
Donde el Presidente Fernández deja su estampa más triste, es en la
creciente e irritante desigualdad social que padece la sociedad
dominicana.
Es un hecho comprobado y a la vista de todos, que la desigualdad y la
exclusión social, se han agudizado en estos últimos ocho años.
En efecto, en el 2011 el 20% más rico de la población concentraba el
56% del ingreso nacional, mientras que el 20% más pobre apenas recibía
el 4%.
La periodista de investigación, Minerva Isa, en una publicación
reciente señala que en nuestro país sólo el 6% de la población disfruta
de un bienestar económico similar al de los países desarrollados,
mientras el resto de la población vive en condiciones de precariedad
similar a las de los países más pobres del hemisferio.
También, la prestigiosa Corporación Latino Barómetro indica que el
34% de la juventud dominicana ni estudia ni trabaja, cuando este mismo
parámetro es de 15% en Sudamérica.
La situación que evidencian estos indicadores pone de manifiesto la
obligación ineludible del próximo gobierno de enfrentar con políticas
públicas acertadas, el drama de la desigualdad que constituye una
amenaza para la paz social.
El estado de inseguridad que se vive en todo el país es otra de las calamidades que nos deja el Presidente Leonel Fernández.
Esto lo comprueba el informe del Foro Económico Mundial que califica a
República Dominicana como el país de América Latina que ha
experimentado el mayor aumento en el crimen y la inseguridad ciudadana.
La quiebra del sector agropecuario es otro de los mayores fracasos que deja como herencia el gobierno saliente.
La falta de atención a la agricultura y el abandono de la asistencia
técnica y el financiamiento al pequeño productor, ha convertido al campo
dominicano en el escenario de mayor pobreza del país.
El gobierno de Leonel Fernández quebró a los productores
agropecuarios a quienes les adeuda la suma de 6 mil 617 millones de
pesos.
Sólo a los arroceros, les adeuda mil 250 millones de pesos por concepto de pignoración.
La producción de pollo, leche y cerdo está expuesta a un peligroso
descalabro, debido a la irresponsable importación de estos bienes,
permitida y estimulada por la administración saliente, así como por la
falta de una política de apoyo a la siembra de granos para la industria
pecuaria.
El Presidente Leonel Fernández prefirió favorecer a un pequeño grupo
de privilegiados, a quienes las importaciones les generan colosales
comisiones, sin importarle que las mismas destruyan el aparato
productivo nacional.
Esta realidad se evidencia en el hecho de que en el año 2004 la
importación de alimentos fue de 460 millones de dólares, mientras esas
mismas importaciones aumentaron a mil 200 millones de dólares en el
2011, para un incremento de 257 porciento.
La privatización de las empresas públicas constituye otra herencia
dolorosa de las administraciones del Partido de la Liberación
Dominicana.
Este proceso ha significado la pérdida de miles de empleos, el
abandono de importantes recursos productivos generadores de riquezas y
el creciente impacto fiscal, como ha sucedido con el sector eléctrico.
Sólo con la destrucción de la industria azucarera estatal, el país
perdió más de 50 mil empleos directos y 150 mil indirectos. Esto ha
sumido en la pobrezaa amplios segmentos poblacionales que dependían de
la industria cañera.
En el plano institucional, la huella de Leonel Fernández no puede ser más siniestra.
En efecto, la concentración de todos los poderes públicos que se ha
agenciado el Presidente de la República, es una verdadera amenaza al
equilibrio y al control que requiere el buen funcionamiento de una
genuina democracia política y social, única garantía del ejercicio
plural de los derechos y deberes ciudadanos.
Hoy, las instituciones del sistema judicial son más débiles porque
están sujetas a la voluntad del Poder Ejecutivo. Hoy, no podemos hablar
de un verdadero Estado Social de Derecho.
Es penoso ver cómo la mayoría de los responsables de aplicar la
Constitución, los códigos y las leyes, las interpretan de acuerdo a las
instrucciones y conveniencia de aquel a quien consideran su dueño.
La degradación política promovida por Leonel Fernández mediante el
uso de los fondos públicos, para comprar conciencias, voluntades y
votos, es parte de la triste herencia que nos deja el gobierno que
termina.
Es un hecho documentado que el gobierno del PLD, con el silencio
cómplice de la Junta Central Electoral, utilizó más de 60 mil millones
de pesos de los fondos públicos, en el proceso electoral recién pasado,
para financiar toda clase de abusos y componendas, para impedir que la
voluntad del pueblo se hiciera realidad en las urnas.
Los señalamientos anteriores evidencian que el país tiene retos tan
cruciales, que para el gobierno enfrentarlos con éxito necesita, más que
nunca, de la concertación con las diferentes fuerzas políticas,
económicas y sociales.
Una concertación basada en el respeto a la vida interna de las
organizaciones, y un compromiso a partir de una agenda que contemple la
solución de los principales problemas de la nación.
Quiero expresarle con toda claridad al presidente Danilo Medina que
la actitud que asumiremos frente a su gobierno, dependerá más que de las
palabras, de los hechos de su gestión.
Estamos conscientes que el país no resiste que el nuevo gobierno
continúe la carrera irresponsable de gastos extravagantes, propios de
las administraciones del PLD.
Es tiempo de austeridad. Y voy a decirlo bien clar nosotros no
apoyaremos ninguna reforma tributaria que perjudique a la población, ni a
los sectores productivos.
Nos mantendremos vigilantes para impedir que sea el pueblo quien
pague el desastre financiero creado por el gobierno saliente, que en lo
que va de año acumuló un déficitfiscal de 78 mil 270 millones de pesos.
Nuestros economistas proyectan que para finales de diciembre, este
déficit se situará en 118 mil millones de pesos, lo que tendrá graves
consecuencias para las familias dominicanas.
El contacto directo que tuvimos con los sectores nacionales, en busca
de la Presidencia de la República, lo retomaremos a partir de los
próximos días para trabajar junto a la sociedad organizada, y procurar
que el gobierno cumpla con su deber de solucionar los problemas que
afectan a la mayoría del pueblo.
Seremos porta-estandarte de las demandas de la sociedad. Allí donde
la gente lucha y se esfuerza por mejores condiciones de vida, allí
estaremos presentes.
El deber de cada perredeista, es trabajar para que el Partido
Revolucionario Dominicano siga siendo la voz fuerte, democrática y
comprometida con la libertad, la justicia social y el fortalecimiento de
las instituciones.
Los hombres y mujeres que amamos nuestro Partido no permitiremos que
la voz del PRD sea silenciada, como buscan aquellos que pretenden
sembrar la desesperanza y desmoralizar a nuestra organización para
ponerla al servicio de particulares intereses.
Ningún perredeista debe prestarse a hacer negocios con la política y mucho menos a hacerle el juego al gobierno.
Somos conscientes, que sólo el trabajo, el apego a los principios, la
disciplina y el respeto a los méritos de los compañeros y compañeras,
garantizan la unidad y la fuerza que se necesita para alcanzar el poder,
y desde el poder construir la democracia social y establecer en el país
un verdadero Estado Social de Derecho.
Los perredeistas tenemos que fortalecer los organismos de nuestro
Partido y abrir la organización a todas las personas interesadas en
participar en política.
En el PRD no debe haber lugar para el autoritarismo, ni para el irrespeto a los estatutos.
Con ese espíritu, debemos encaminarnos desde ya, hacia la convención del año próximo, como mandan nuestros Estatutos.
Este será el mejor tributo que podemos rendir a la memoria de nuestro líder de siempre José Francisco Peña Gómez.
La construcción de una verdadera democracia, es aún una tarea pendiente en nuestra sociedad, a la cual quiero referirme.
En las elecciones pasadas, el gobierno cometió graves y serias
irregularidades que demuestran la fragilidad de nuestro sistema
político.
En ese proceso se vulneró el derecho fundamental de elegir y ser elegido en condiciones de igualdad.
Nuestra sociedad no puede permitir que se repitan en unas elecciones
el abuso de poder, la compra de conciencias, la violación de los
derechos ciudadanos, la participación activa de militares, policías y
miembros del Ministerio Público, que todos vimos el pasado 20 de mayo.
Estamos decididos a impulsar acciones y políticas públicas que
fortalezcan el ejercicio democrático y contribuyan a erradicar, de una
vez y por siempre, esas malas prácticas.
Consecuentemente, invitamos a los partidos políticos, a los
movimientos sociales, a la sociedad civil y a los ciudadanos
independientes, a trabajar juntos por la aprobación de una Ley
Electoral, así como una Ley de Partidos Políticos y una Ley de Garantías
Electorales que sean fruto de la concertación.
Presidente Danilo Medina, tenemos un compromiso con el país, por lo
que siempre estaremos dispuestos a ofrecerle nuestro concurso en
aquellas acciones dirigidas a beneficiar a las grandes mayorías.
En ese sentido, el país espera que a partir del 16 de agosto su gobiernoimpulse, entre otras, las siguientes acciones:
Honrar el compromiso del 4% a la Educación, que firmamos bajo los auspicios de la Sociedad Civil.
Apoyar los sectores productivos, especialmente el sector
agropecuario, elindustrial, el turístico, las micro, pequeña y mediana
empresas, la metalmecánica, la minería y las exportaciones.
Ejecutar políticas que promuevan la generación de empleos,
especialmente, para los jóvenes y las mujeres, así como la reducción del
alto costo de la vida.
Sanear y consolidar el Sistema Dominicano de Seguridad Social para
que ninguna persona carezca de la justa protección del Estado.
Perseguir y castigar de manera eficiente la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción.
Garantizar la seguridad ciudadana.
Enfrentar el grave problema de la energía eléctrica.
Distribuir equitativamente la inversión pública con criterios regionales y sectoriales.
Y, promover la aprobación de las leyes Electoral, de Partidos Políticos y de Garantías Electorales.
Pueblo dominicano, estoy convencido que para superar los grandes
desafíos de nuestra sociedad, es imperativo que el nuevo gobierno sea
capaz de dar ejemplo de trabajo, austeridad, transparencia y
comedimiento en la conducción de los asuntos públicos.
Pido a Dios Todopoderoso que ilumine y bendiga a nuestro pueblo.
Muchas gracias”.






